








El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera (Alexander Pope)












Según publica Diari del Baix Penedès, parece que el solar que ocupó un día el Hotel Segur se destinará a plazas de aparcamiento gratuito. El ayuntamiento dice que cabrían 100 coches y Gaudir, propietaria del solar dice que no ha recibido ninguna propuesta al respecto por parte del ayuntamiento.
En su día también Diari de Tarragona se hacía eco de la intención de dedicar a equipamiento social el terreno. Aparcamiento, zona social edificada, algo debe hacerse porque no es de recibo que la entrada a Segur sea un solar lleno de ratas y con un aspecto ruinoso que invita a salir corriendo.



Fals progresisme és quan es proclama una cosa i es fa una altra respecte al que hauria de ser una ideologia progresista. Per exemple, mirar de fer-te coneguda per prohibir el burca quan realment el que fas es permetre que els imams facin el que els el rota, puguin destrossar-li la vida a una dóna i a sobre els ajudes a fer-ho... fins que la dóna va al programa de Josep Cuní i se't desmonta el teu xiringuito de fals progresisme neo-musulmà.
Obviament parlo de la alcaldesa de Cunit, una altra socialista com els de Calafell, que ni són socialistes ni són res.
L'article que publica avui EL PAIS ho explica molt be.
FERRÁN BALSELLS - Tarragona - 27/06/2010
"Estas tensiones no suelen aflorar, pero se repiten con distinta intensidad en el resto de mezquitas del país y en los municipios con fuerte presencia musulmana", advierte el investigador y experto en el islam, Jordi Moreres. "Algunos Ayuntamientos quedan desbordados porque no saben con quién dialogar", razona.
En Cunit, los dos líderes de la mezquita se erigen como único vínculo entre musulmanes y Administración. Un papel que fue incrementando el poder de los imputados. "Actúan como únicos interlocutores y no respetan los canales fijados por el Ayuntamiento", precisa el informe municipal. El presidente de la mezquita solía acudir a las plantas nobles del Ayuntamiento para gestionar asuntos con la naturalidad del que pasea por sus dominios, señalan varios funcionarios. Desde allí aceleraba o frenaba el papeleo de trámites para sus feligreses; o lograba que tal persona accediera o fuera rechazada en los cursos de formación que ofrece el municipio. El informe aprecia tintes de esta estructura caciquil bajo consentimiento municipal: "Se intenta que aborden sus asuntos a través de los técnicos, pero se dirigen a los políticos, que los atienden de forma directa". "Rechazan mantener conversaciones con técnicos municipales. Especialmente con técnicas, por ser mujeres".
Como ejemplo de su influencia, el informe destaca la recogida de unas 90 firmas de magrebíes que los imputados entregaron al Ayuntamiento para exigir el despido de la trabajadora supuestamente acosada. "Tomamos en consideración sus inquietudes", respondió en su día a los imputados la alcaldesa local, la también senadora por Tarragona, Judit Alberich.
La situación supone una problemática más compleja que la ahora contemplada en la actual polémica sobre el burka: la incapacidad de la Administración local para gestionar las presiones lanzadas desde el liderazgo musulmán. En Cunit, la mezquita explota "las labores de acogida" que les asignaba el Ayuntamiento para "obtener más influencia y control sobre la comunidad". También para "segregar al colectivo de la población autóctona en edades cada vez más tempranas". El informe deja claro que la actitud municipal multiplicó la influencia de una mezquita radical: la vincula, de hecho, al movimiento salafista, corriente extremista del islam que defiende la ruptura con los valores occidentales. También la retrata como una especie de Ayuntamiento paralelo desde el que se fomenta la apología del radicalismo.
Y apunta explícitamente a los dos capos que se erigieron, primero, en el único punto de contacto del Ayuntamiento con la comunidad magrebí; después, en los hombres capaces de lo imposible a ojos de este colectivo, capaces de ayudar o hundir a sus seguidores, según les conviniera. "Tenían los contactos suficientes en el Ayuntamiento para facilitar las cosas", explica un técnico municipal que participó en la elaboración del informe y pide el anonimato para evitar represalias.
El informe no precisa si el Ayuntamiento consintió en aupar al imán a nivel de capo dentro de su comunidad. "Solo abordaba los problemas que creíamos urgentes afrontar", se limita a añadir Silvia Martínez, responsable de la Concejalía de Inmigración desde la que se elaboró el documento.
No le esperen este verano en el paseo de la playa de Calafell con sus poemas y sus escritos dispuesto hasta las tantas a dar algo de charla a quien se acercase a su mesa de camping plegable. No le esperen porque hace unos meses cogió sus bártulos de viejo marino y se fue a Cartagena. Ya saben. Los años pasan y sus hijas le convencieron de que ya no tenía edad para estar solo y menos para vender sus libros en una mesita. José Gil Cánovas deja algo huérfano al paseo marítimo de Calafell. Quedan las bermudas y las chancletas, pero faltará la poesía. Unos tiempos demasiado modernos, decía el escritor que a pesar de todo seguía dándole a la tecla.
Decía que él ofrecía poesía y conversación en un mundo cada vez más seco. Y que él mismo se sorprendía de la cantidad de personas que se paraban en su mesita de camping para hablar y para buscar un poema. De amor. Aunque no te lo creas es lo que más se busca, explicaba. Porque es lo que más falta, añadía en sus conclusiones calmadas.
Aguantó hasta que en alguno de los paseos marítimos en los que se ponía el Ayuntamiento en cuestión, con auténticos linces de las finanzas en sus filas, pensaron que habría que cobrarle al abuelo un canon por vender sus poemas. Fue el principio del fin. Pero resistió. Y ahora escribe frente al mar de su Cartagena.










